domingo, 25 de noviembre de 2012

CREPUSCULAR

Muere la tarde en mi silencio
entre la plata escapada de la luna
y el último rayo de sol,
dorado pincel que pinta
en incendios los campos,
como rubios trigales
que al viento se mecen,
las gramas flamean sus hojas
en un incesante oleaje
semejando mares cautivos.
Como óxido que todo lo consume
se derramó en ocre tinte
sobre las copas de los árboles,
mágico esplendor que florece
al morir el día en el ocaso.
Se me pierde la mirada
mas allá de la montaña
que encrespa en puntas rojas,
rojo sangre por la herida
al despedirse el sol.
Horizonte que atesoras
un beso desangrado,
allá donde mi vista no alcanza,
se besan sol y luna por un instante.
Atardeceres de los que soy prisionera,
cárcel de luz dorada que me baña,
me embriagan, me enloquecen tu magia,
porque como el sol a diario,
muero en cada sueño crepuscular
entre un café y el humo de un cigarro,
desangran en mi pecho encerrados
mil te quieros sin hablar,
oro grana roja que quema,
sabor dulce miel en las mejillas
de tus labios, deseos contenidos,
y un hasta mañana.





De Carmen Tejedor






CRUCÉ EL UMBRAL


Crucé el umbral de tu destino
en un sueño de violetas marchitas,
encontré los despojos de tus ojos
envueltos de un negro complejo.
Mis manos se aferraron a las tuyas, 
tu boca se entreabrió en el beso.
En las sombras del pasado,
como mortaja que envuelve,
se aferró el amor a los cuerpos.
Crucé por el iris de tus soles
como un rayo de luna tardío,
sueños de muerte que divagan
entre la razón y no perder la cordura.
Locura extasiada, palabras que hieren
en la benévola mirada del perdón.
Crucé el umbral de tus delirios
hasta mis heridas en llagas.
Por los bordes de tus abismos
caminaron mis caricias
hasta las cúspides heladas de tu pecho.
Crucé el umbral de mis memorias
hasta los verdes campos,
donde crecen margaritas blancas,
como soldado que huye en la batalla
del campo de guerra desbastado,
desolación y vacío dejando atrás.
Cerré el portal de mis recuerdos,
la mirada vacía, vacío el sueño,
mis manos rotas, la sonrisa triste.
Cerré las puertas al amor.





De Carmen Tejedor.






SON TUS OJOS




Son tus ojos dos brasas de cristal
que se derriten en una hoguera,
irresistible deseo apasionado
que dejan al desnudo tu morboso amor.

Son negros escarabajos que se pierden
tras el vuelo que da mi pollera
moviéndose de un lado al otro
al ritmo cadencioso de mi cadera.

Son dos azabaches, cuarzos que brillan
locos, extasiados y se embelesan
en mi escote, de atrevido hueco,
con el leve movimiento de mis senos.

Son cual crepitar de auroras
donde se funden el cielo con la tierra,
donde se deshacen en deseos y pasión
en el nervioso parpadeó de tu mirada.

Son tus ojos que vigilan celosos
mi tiempo y mis espacios,
son dos lunas de vino trasnochados,
embriaguez que te lleva hacia el olvido.

Son pupilas que frenéticas se agrandan
como dos estrellas que brillan desbordantes
si me ves caminar como al descuido
en el contorno de algún pantalón ajustado.

Son tus ojos como dos noches sin lunas
cuando la mirada se te vacía.
Imposible afán de conquistarme
y la tristeza se los consume.

Son dos gotas de roció extasiados,
frágil cristal que se rompen
como dos plegarias al tiempo,
suplicando desde tu infierno.

Son tus ojos dos cirios encendidos,
dos llamas que se funden,
que me queman el suspiro,
dos diademas que me imploran.

Son fulgores de soles y luceros
entre los escombros derrotados,
los venció mi porte y mi figura,
los mató la insolencia de mi desdén.

Son tus ojos dos diamantes en bruto,
sin tiempos ni memorias,
escudriñando en mis noches,
de este insensible corazón encarcelados.

Son olvidos de vientos blancos,
necios y sordos cascabeles
que me desnudan en tu mente,
entre tu morbo y tus deseos.

Y son mis ojos dos cristales de hielo
que te miran en el silencio de lo absurdo.
Te miro, y, lloro, por que no me conmueves
mas allá de la pena que me inspiras.

De Carmen Tejedor.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

ENTRE MIS RECUERDOS



Se deshacen los recuerdos
en pedazos, uno y otros,
se amontonan como escombros
en un rincón del corazón.

Fuiste el caballero blanco
en su corcel de blanco pelaje
cabalgando mis entrañas,
desatando mis pasiones reprimidas.

En tus brazos se me fueron suspiros,
se retorció mi cuerpo fundido a tu piel,
se me fue el aliento en tu boca
temblando en el éxtasis del amor.

Mis ansiedades se cifraron en tu vida,
la mirada se me perdió en tu ojos,
mis horas blancas y vacías,
esperando en el silencio se perdieron.

Así en mis recuerdos,
entre las telarañas de mi amor,
se me ha venido como en un sueño
la noche aquella que me diste.

"Se ha detenido la noche
en el negro de tu pelo,
en el azabache de tus ojos,
se ha quedado
dormida en mi lecho.
Se ha quedado
aquí conmigo
y contigo.
Celosa está la luna
de la caricia de tu mano,
sobre el blanco mate
de mi piel de azucena.
Con insistencia
se cuela por los cristales,
porfiada en develar
nuestro secreto.
La brisa de verano
se ha hecho cómplice
y nos trae en su soplo,
aromas de rosa.
El amor se perdió
entre las sábanas,
como brasa encendida,
recorrió los cuerpos.
En el espacio
a oscuras del cuarto,
como picaflores
nos libamos de un sorbo,
uno al otro,
el néctar delicioso
de este prohibido amor".

Entre mis recuerdos
habitantes de mis sueños,
irrealidad que se manifiesta
como una hoguera encendida.

Caballero blanco, de blanco corcel,
que recorres en mi noche
los oscuros atajos de mi mente
llevándome a cabalgar con el.

Horizontes de luna y de lucero,
roció que cuelga de mis ojos,
lágrima incolora que no termina
recuerdo, entre mis recuerdos.

De Carmen Tejedor.

A MI LIBRO



Que misterios atesoran tus hojas,
que secretos delatan tus letras, 
cual gotas de lluvia derramada
en su charco la conciencia se baña.

Eres el vicio con el que me cautivas,
necesidad vital que reclaman mi días,
desahogo y refugio de mi tristeza,
fantasía que al Edén encierra.

Embriaguez que se pierde en mis venas,
como un cáncer te enquistas,
floreciendo como capullo de rosa
en lo mas profundo del alma.

Vivo borracha de tus poesías,
develando acertijos que me tiras,
si tu verdad es realidad o mentira,
loca quimera que por tus páginas vaga.

Porque en mi mente habitas,
como fantasmas entre las sombras,
mis manos reconocen tu tapa gastada
y tus versos me los sé de memoria.

Historias que encierran hazañas,
caballeros que luchan batallas,
el príncipe rescatando a su dama,
amores como el de Romeo y Julieta.

Ya se desarmaron de viejas 
tus hojas de amarillo vestidas,
en el borrón del tiempo tu letra
se va perdiendo y yo pongo la mía.

De carmen Tejedor.

VIOLENCIAS


Abismos de negros vacíos,
murallas que separan mundos,
invisibles hilos donde cuelgan
lágrimas de cuarzo negro.

No brillan las estrellas en los cielos,
expansión de la noche ennegrecidos,
centellas que enrededor giran
quemando la visión del ojo.

Huracanes que desatan arrebatos,
mudos se agitan en los centros,
huecos de amor se levantan
por el espiral de un agujero negro.

Umbrosa rutina que mata en desalientos,
fulgores de sombras y tedios,
torbellino de nubes se agitan
en la negra techumbre del cielo.

No cantan en la rama los jilgueros,
absortos de miedo se quedaron mudos,
mojados en lágrimas se encrespan
por la garganta se enfermaron de llanto.

Ojos de luces destellan parpadeos,
rugen por sus bocas de ígneos fuegos,
sórdidos truenos que revientan
en los sordos oídos del tiempo.

De Carmen Tejedor






lunes, 5 de noviembre de 2012

NO PUEDE SER



Una tarde te vi al pasar
embriagada de vino la pena,
borracho el caminar tembloroso,
sombras de la noche en la mirada
de esas pupilas negras extraviadas
en el tormento que da el alcohol.
Me cautivaron esos ojos tiernos,
encerrados bajo el arco tupido
de tus cejas, donde por el rabillo,
escapan destellos de impotente ira,
luces de melancólica ternura,
que llegan hasta mi triste soledad,
divagando, embelesados, enamorados,
desnudándome en el aire, sonrrojándome.
Y puedo presentir solo con mirarte,
los deseos eróticos que en ti se desatan,
cuando mi cuerpo pasa por delante
de tus brazos y tus manos se cierran
en un gesto de impotencia por no alcanzarlo.
Y puedo ver hasta sangrar tus labios
mordiéndote entre bronca y deseo.
Si hasta en la quietud del silencio
escucho estremecer tu cuerpo,
cuando en el aire mi perfume te invade.
Y llegan hasta mis oídos mil te quieros,
escapados en dulces palabras,
pronunciadas en silencio,
en un imperceptible murmullo
de tus labios seductores, voluptuosos.
Celoso guardián de mi figura
que mueres cada noche en cada copa.
No hay serenidad mas profunda,
que aquella que emanan tus ojos
en la alborada luminosa del día,
cuando del vicio te has escapado.
En la claridad de tu mirada
aflora un alma sencilla y pura,
que embriaga de misterios
el sueño en que me muevo.
Y en ese loco devenir
de horas vacías y tardías,
puedo sentir la brasa de tus labios
en el roce del viento sobre mi piel.
Y es que tu deseo es tan fuerte,
que llega desde mi cansancio,
hasta mi sueño de imágenes rotas.
Desde tu desvelo hasta mi quietud.
Y puedo ver, sin estar mirando
en llamas ardiente tu pasión,
turbándote y erizándose tu  piel.
Quemándote las ideas y el sentido,
haciéndome culpable de tu amor.
Y vuelves de nuevo al refugio
torpe, lastimero del alcohol.
Se te van extraviando tus ojos negros,
se te va frunciendo el ceño.
La dulce tibieza que encierran tus labios
se vuelven dagas hirientes
que disparas contra mi, 
cuando mis labios te dicen que no.
Y en esa loca embriaguez que te consume,
quemándote en los fuegos fatuos de tu amor,
en el desvarió que te embelesa,
no entiende tu razón que eres mi amigo.
Te debates incansablemente,
entre mi imaginación que te perdona
y esta realidad que te condena.
En este éxtasis mental
a que el amor te ha condenado,
no comprendes que no puede ser.
Somos dos como el agua y el aceite.
Tu eres vendaval de furia y pasión,
yo remanso de aguas calmas.
Tu un huracán que arrebata,
yo la montaña enhiesta.
Tu cabalgas en la cresta de las olas,
eres mar que arremete,
yo la roca a la que embistes.
Yo témpano de hielo en el glaciar,
tu sol abrasador en el desierto.
No puede ser.
Seríamos dos lágrimas al viento
que rodando se secarán.
Dos almas consumiéndose en llamas
en holocaustos de celos eternos,
dos corazones partidos a la mitad.
Seremos dos por separado.
Comprende que no puede ser.
                                      
De Carmen Tejedor