entre la plata escapada de la luna
y el último rayo de sol,
dorado pincel que pinta
en incendios los campos,
como rubios trigales
que al viento se mecen,
las gramas flamean sus hojas
en un incesante oleaje
semejando mares cautivos.
Como óxido que todo lo consume
se derramó en ocre tinte
sobre las copas de los árboles,
mágico esplendor que florece
al morir el día en el ocaso.
Se me pierde la mirada
mas allá de la montaña
que encrespa en puntas rojas,
rojo sangre por la herida
al despedirse el sol.
Horizonte que atesoras
un beso desangrado,
allá donde mi vista no alcanza,
se besan sol y luna por un instante.
Atardeceres de los que soy prisionera,
cárcel de luz dorada que me baña,
me embriagan, me enloquecen tu magia,
porque como el sol a diario,
muero en cada sueño crepuscular
entre un café y el humo de un cigarro,
desangran en mi pecho encerrados
mil te quieros sin hablar,
oro grana roja que quema,
sabor dulce miel en las mejillas
de tus labios, deseos contenidos,
y un hasta mañana.
en incendios los campos,
como rubios trigales
que al viento se mecen,
las gramas flamean sus hojas
en un incesante oleaje
semejando mares cautivos.
Como óxido que todo lo consume
se derramó en ocre tinte
sobre las copas de los árboles,
mágico esplendor que florece
al morir el día en el ocaso.
Se me pierde la mirada
mas allá de la montaña
que encrespa en puntas rojas,
rojo sangre por la herida
al despedirse el sol.
Horizonte que atesoras
un beso desangrado,
allá donde mi vista no alcanza,
se besan sol y luna por un instante.
Atardeceres de los que soy prisionera,
cárcel de luz dorada que me baña,
me embriagan, me enloquecen tu magia,
porque como el sol a diario,
muero en cada sueño crepuscular
entre un café y el humo de un cigarro,
desangran en mi pecho encerrados
mil te quieros sin hablar,
oro grana roja que quema,
sabor dulce miel en las mejillas
de tus labios, deseos contenidos,
y un hasta mañana.
De Carmen Tejedor

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